Las ama: las mujeres del mar que bucean sin oxígeno desde hace 2.000 años
En la península de Ise-Shima, unas decenas de mujeres mayores siguen sumergiéndose a pulmón limpio para recolectar abulón, erizos y algas. Su oficio, documentado desde hace dos milenios, es hoy patrimonio cultural y una lección práctica de sostenibilidad marina.
A primera hora de la mañana, cuando la bahía de Toba todavía conserva la niebla, una mujer de setenta y pocos años emerge del agua gris verdosa. Se oye un silbido largo y modulado que corta el aire salado. Es el isobue, la respiración silbante que las buceadoras ama emiten al salir a la superficie después de un minuto bajo el agua. En su mano, una ostra de abulón (molusco gasterópodo de gran valor comercial, género Haliotis). A su alrededor, la costa de la península de Ise-Shima, en la prefectura de Mie, el último bastión de una tradición que lleva cerca de dos mil años practicándose en estas aguas.1
No lleva bombona. No lleva regulador, ni ordenador de inmersión. Lleva una máscara, unas aletas, un traje y una red de malla. Y una forma de trabajar que se transmite de madres a hijas desde antes de que existieran los registros escritos.
Foto: H. Grobe (CC BY 3.0)
Qué significa ser ama
La palabra ama (海女) se escribe con dos caracteres: “mar” y “mujer”. Designa a las buceadoras japonesas que se sumergen en apnea (conteniendo la respiración, sin equipo de buceo autónomo) para recolectar marisco y algas: abulón, erizos de mar (clase Echinoidea), pepinos de mar (clase Holothuroidea), ostiones y, en su época, ostras perlíferas (que producen perlas, Pinctada). La tradición está documentada desde hace unos dos mil años, y los primeros registros escritos chinos y japoneses ya describían a mujeres que descendían al fondo en busca de conchas.1
Aunque históricamente hubo también hombres buceadores (llamados a veces katsugi o ama masculinos en algunas regiones), el oficio quedó asociado de forma decisiva a las mujeres. Las explicaciones tradicionales apuntan a una mejor distribución de la grasa corporal, que protegería del frío en inmersiones prolongadas, y a una organización del trabajo costero en la que los hombres salían a pescar mar adentro mientras las mujeres trabajaban los fondos cercanos a la orilla.1 El resultado es innegable: en Japón, la imagen del buceo libre profesional tiene rostro de mujer.
Un oficio, no un folclore
Las ama no son un espectáculo etnográfico. Son profesionales del mar que extraen productos de alto valor comercial bajo estrictas regulaciones de temporada, talla mínima y zona de captura. El abulón, en particular, alcanza precios elevados en el mercado japonés, y la pesca de estas buceadoras está limitada a determinados meses del año para proteger la reproducción de la especie.2
Tradicionalmente trabajaban vestidas con un traje blanco de algodón (el isogi), que según la creencia local ahuyentaba a los tiburones y permitía verlas mejor desde la superficie. Hoy muchas usan neopreno, una concesión práctica al frío del Pacífico, aunque en algunas localidades se conserva la indumentaria tradicional durante las demostraciones culturales.12
Cada inmersión dura entre treinta segundos y poco más de un minuto. Descienden a profundidades que suelen situarse entre los cinco y los veinte metros, localizan la presa entre las rocas, la despegan con una herramienta metálica y ascienden. Al salir, el isobue: una exhalación silbante que regula la respiración tras la apnea y que se ha convertido en la firma sonora del oficio.1
Trabajan en pareja o en pequeños grupos. Algunas se lanzan desde la orilla con un flotador (kachido); otras descienden en vertical desde una barca, ayudadas por un contrapeso (funado). Tras varias horas en el agua, vuelven a la caseta del puerto (la amagoya), donde se calientan junto a un fuego, comen y comparten la jornada.1
La lección silenciosa de la sostenibilidad
Lo que hace relevante a las ama para una revista de vida acuática no es solo la edad de la tradición, sino el modelo de extracción que representan. Bucear a pulmón impone un límite físico infranqueable: no se puede estar más tiempo del que el cuerpo aguanta. Esa restricción fisiológica, combinada con regulaciones comunitarias sobre temporadas y zonas de descanso, ha funcionado durante siglos como un sistema de gestión pesquera de bajo impacto.13
Las ama no arrasan el fondo. Toman lo que alcanzan a ver y a despegar en sesenta segundos, y dejan el resto. Los fondos que trabajan llevan siglos produciendo sin colapsar, algo que pocas pesquerías industriales pueden decir. En un momento en que la sobrepesca es una de las principales amenazas de los océanos, este oficio ofrece una lección práctica: la sostenibilidad no siempre requiere tecnología sofisticada; a veces requiere límites, paciencia y conocimiento local acumulado.3
La última generación
Y sin embargo, las ama están desapareciendo. Hace unas décadas había varios miles de buceadoras activas en las costas japonesas; ya en 2006, los corresponsales internacionales advertían de que el oficio envejecía sin relevo, y las cifras de entonces hablaban de unas seis mil ama en activo, la mayoría por encima de los cincuenta años.4 Los reportajes recientes describen comunidades donde las buceadoras que quedan se cuentan por decenas, y donde la media de edad supera con creces los sesenta.23
Las causas son conocidas y difíciles de revertir. Las hijas y nietas de las ama estudian, se trasladan a las ciudades, acceden a trabajos mejor pagados y menos duros. El buceo libre es exigente: agua fría, esfuerzo físico sostenido, ingresos irregulares ligados a la temporada. Al mismo tiempo, el mar cambia: las variaciones en la temperatura del agua y la reducción de algunas poblaciones de marisco complican la viabilidad económica del oficio.23
Algunas localidades han respondido con programas de preservación: registros del oficio como patrimonio cultural, escuelas de formación para jóvenes interesadas, turismo de observación en las amagoya. La ciudad de Toba y la región de Ise-Shima se han convertido en el centro simbólico de esta resistencia, con buceadoras veteranas que combinan la pesca real con la transmisión del conocimiento.2 Pero incluso quienes trabajan en la preservación admiten que el objetivo ya no es tanto perpetuar la pesca comercial como conservar la memoria viva de una forma de relacionarse con el mar.

Foto: 岩瀬禎之
El silbido en la niebla
Volvemos a la escena del principio. La mujer de setenta y pocos años deja el abulón en la cesta, se ajusta la máscara y respira. En la caseta del puerto, otras compañeras de su edad comentan la jornada junto al fuego. Ninguna de ellas se considera una reliquia. Se consideran lo que son: trabajadoras del mar que aprendieron un oficio de sus madres y lo han ejercido durante medio siglo.
La próxima vez que oigamos hablar de “tradiciones pesqueras milenarias”, conviene recordar que no hablamos de un pasado remoto, sino de personas concretas que hoy, esta mañana, han entrado en el agua. La tradición no es una cosa: es una práctica que alguien decide continuar cada día. Y cada día que una ama se sumerge, esa decisión se renueva una vez menos.
Pregunta para quien lee
Si un oficio sostenible con el mar puede durar dos mil años y desaparecer en dos generaciones, ¿qué estamos dispuestos a aprender de él antes de que se convierta solo en memoria?
Fuentes
Nota metodológica: las cifras sobre el número de buceadoras activas varían según la fuente y el año; se ha optado por rangos descriptivos (“varios miles”, “decenas”) para evitar precisión ficticia. No se citan nombres de buceadoras concretas para preservar el respeto editorial y porque las fuentes consultadas no los documentan de forma verificable.
Footnotes
-
“Ama (diving)”, Wikipedia (edición inglesa), consultado en 2025. [Primaria de referencia general; alta fiabilidad] ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7
-
“Japan’s last female Ama pearl divers”, BBC Travel, 28 de febrero de 2020. [Secundaria; alta] ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
-
“The Plight of Japan’s Ama Divers”, Nautilus, 15 de marzo de 2024. [Secundaria; media] ↩ ↩2 ↩3 ↩4
-
Justin McCurry, “Ancient art of pearl diving breathes its last”, The Guardian, 24 de agosto de 2006. [Secundaria; alta] ↩
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